jueves, 10 de junio de 2010

Fray Esteban Nehmé, próximo beato libanés


El venerable Esteban (en el siglo Youssef) Nehmé, religioso profeso de la orden libanesa de los maronitas, será beatificado el 27 de junio en el Líbano, en Kfifan, en una celebración presidida, en nombre del Papa, por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, monseñor Angelo Amato, SDB.

Fray Esteban era un hombre de oración y un “discípulo de la tierra”, esa tierra que para él era “escuela de santidad” y “fuente de espiritualidad”.

Nació en marzo de 1889 en la localidad de Léhféd-Jbeil y era el más pequeño de una familia de siete hijos.

Estudió en la escuela Nuestra Señora de las Gracias dirigida por la orden libanesa maronita, donde aprendió a leer y a escribir.

Se cuenta que un día, Youssef, que se encontraba en el campo haciendo pastar los animales de la granja de su padre, vio un pequeño tejón entrar en una gruta subterránea.

Tras notar la presencia de rastros de agua, empezó a cavar y vio el agua brotar del fondo de la gruta hasta formar una fuente. Actualmente esta fuente se conoce como la “fuente del tejón”.

En 1905, dos años después de la muerte de su padre, entró en el noviciado de la orden libanesa maronita, en el monasterio de los santos Cipriano y Justina de Kfifan.

El 23 de agosto de 1907 pronunció sus votos de monje, tomando el nombre de Esteban, nombre del santo patrón de su localidad natal.

Convertido en fraile, Esteban pasó su vida en diversos monasterios de la orden, trabajando en el campo y los jardines, y consagrándose a diversos trabajos de carpintería y de construcción.

Siempre y en todas partes sabía transmitir a sus hermanos la Buena Nueva, gracias a una intensa vida de oración, fiel a las constituciones y a la espiritualidad de la orden.

Su espíritu generoso, su prudencia de juicio y su compasión por las dificultades de los demás, le hicieron merecer el respeto y el amor de sus colaboradores.

En la espiritualidad de fray Esteban emerge la conciencia de la presencia constante del Señor en cada instante de su vida, que él mismo resumía repitiendo a menudo: “Dios me ve”.

En las adversidades de la Primera Guerra Mundial, supo cargar la cruz, renunciando a sí mismo y siguiendo al Señor con confianza y valentía.

Toda su vida puede definirse como un gran acto de amor, un don total de todo su ser a Dios y una peregrinación ininterrumpida hacia el cielo.

Murió el 30 de agosto de 1938 a la edad de 49 años y fue enterrado en el monasterio de Kfifan, donde su cuerpo permanece intacto.

El Papa Benedicto XVI reconoció sus virtudes heroicas el 17 de diciembre de 2007. Tras los santos Charbel, Rafqa y Nimatullah, éste es el cuarto hijo de la orden libanesa maronita que será proclamado beato.


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