martes, 5 de mayo de 2015

El objetivo de dar voz a las mujeres en la Iglesia

Vida Nueva" y "L’Osservatore Romano" han firmado un acuerdo por el que la revista de la editorial PPC distribuirá el suplemento femenino “Donne Chiesa Mondo” que publica cada mes el diario de la Santa Sede. Será la primera vez que se pueda leer este suplemento que “da voz a la mujer” en castellano, tal y como afirmó el director de la revista, José Beltrán. Durante la presentación, la presidenta de Manos Unidas, Soledad Suárez, aseguró que la presencia de la mujer en la sociedad ha aumentado, pero que la voz femenina en la Iglesia aún es escasa. Por ello, ha pedido
prestar "especial atención" a la formación y desarrollo de las mujeres.
Desde Cáritas, Marisa Salazar, puntualizo que queda "mucho camino por recorrer" y que lo más importante es que se hable de aquellas mujeres en las zonas del mundo más vulnerables que "se dejan la piel” por hacer "Iglesia viva".
“La Iglesia tiene miedo y desconfianza hacia la mujer”, afirmó María de la Válgoma, columnista de "Vida Nueva". Aunque el Papa Francisco tiene intención de dar protagonismo a la mujer, De la Válgoma considera que tiene “tantos frentes complicados abiertos" que no va a poder hacer más. La columnista reivindicó el papel de la mujer no como "protagonista" sino en términos de "igualdad", y pidió que se sigan las enseñanzas de Jesús que, a su parecer, fue un "feminista", y que no se le cierre "ninguna puerta" a la mujer.
Por todo ello, este suplemento, encartado a los suscriptores de "Vida Nueva" sin que se incremente el precio, servirá de altavoz de las voces femeninas, como respuesta a la petición de Benedicto XVI. El primer número del suplemento Donne Chiesa Mondo en español se puso a la venta el pasado 21 de marzo, dedicado a la figura de Santa Teresa de Jesús, con motivo del V Centenario de su nacimiento. Cada suplemento incluye reportajes, un monográfico, artículos de fondo y ensayos.

lunes, 4 de mayo de 2015

La OCDE pide a Suecia reformar su sistema educativo e implantar nuevas evaluaciones

Según la organización, es el país que más ha empeorado sus resultados en el informe PISA durante la última década

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) urge a Suecia reformar su sistema educativo al ser el país que más ha empeorado en la última década sus resultados en el estudio PISA de evaluación.
Mientras que Suecia en el pasado se situaba en torno a la media de resultados de PISA, en los test más recientes -que datan de 2012- había caído al puesto 28 (de 34) en matemáticas, al 27 en lectura y al 27 en ciencias, según el informe de la OCDE.
«Suecia debería sacar partido del amplio consenso entre profesores, escuelas y políticos sobre la urgente necesidad de reforma», subrayó el director del departamento de Educación de la organización.
Una reforma que debería basarse en «una estrategia nacional educativa con prioridades y responsabilidades claras», un dispositivo de evaluación para «promover a largo plazo la calidad y la igualdad».

La disciplina empeora

El conocido como el «Club del mundo desarrollado» alertó de que la disciplina escolar ha empeorado en Suecia, y así por ejemplo se ha convertido en el país donde con más retraso llegan los escolares.
Sólo un 5% de los profesores de la enseñanza secundaria consideran que su profesión está socialmente valorada y únicamente un 53% elegirían la misma carrera si pudieran decidir de nuevo, en parte por la carga de trabajo y por los bajos salarios. Por eso, uno de los consejos es dar prioridad al liderazgo pedagógico e incitar a una mayor cooperación entre los profesores, además de invertir más en el desarrollo profesional.
La OCDE aseguró que el aumento de la inmigración en Suecia tiene«un impacto limitado» en el deterioro de los resultados globales del país. No obstante, insistió en que la fractura entre los inmigrantes y los autóctonos es un reto, teniendo en cuenta que un 48% de los primeros obtienen resultados por debajo del nivel de base en matemáticas, frente al 22% de los segundos.

domingo, 3 de mayo de 2015

Prejuicios anticatólicos (I)

Invitado: Pedro Trevijano

En España la Inquisición, por todos los delitos y a lo largo de trescientos cincuenta años, mandó matar a menos de cuatro mil cuatrocientas personas, por cierto menos que sacerdotes asesinados en la Guerra Civil por los republicanos.


Estos días he tenido una comida con un grupo de matrimonios amigos, con los que he tenido una larga sobremesa, en la que se habló de lo divino y lo humano, especialmente de los problemas educativos de sus hijos y del anticatolicismo dominante.

Mis amigos, católicos practicantes, se quejaban de que con la cada vez mayor polarización y radicalización de las posturas, cada vez más profesores no ocultan su actitud anticristiana beligerante e intentan inculcar a los niños y adolescentes su ideología. 

Por ejemplo, me decía uno de ellos, hace poco pusieron a mi hijo la película El nombre de la rosa, que ciertamente no me parece conveniente para niños. Les dije que la recordaba como una película francamente anticatólica, que intentaba desacreditar a la Iglesia, pero que afortunadamente incurría en una muy seria contradicción. Hasta físicamente presenta a los monjes como unos cretinos, pero se les escapa el dato que tenían la mejor biblioteca de Europa. Es desde luego evidente que unos imbéciles no pueden crear una magnífica biblioteca. De ahí pasamos a recordar que fueron los monjes los que salvaron y lograron hacer llegar hasta nosotros buena parte de la cultura antigua e iniciaron un sistema de escuelas, mientras junto a las catedrales se iniciaban otras. De ahí surgieron unas cuantas Universidades, todas de fundación eclesiástica, perdurando todavía muchas de ellas, entre ellas las más famosas de Europa. Otro dato curioso es que cuando Estados Unidos consiguió la independencia, hacia 1776, todavía no existía ninguna Universidad en el país, mientras que algunas fundadas en América por los españoles, como la de México (1551), o la de Lima (1555) eran más que bicentenarias. 

Surgió también el tema de la Inquisición. Es una institución que hoy, evidentemente, no podemos defender, pero que si uno lo compara con los Tribunales de la época, la comparación no es ni mucho menos negativa, especialmente en el tema de la brujería. Voy a hacer referencia a dos libros: La Sorcellerie, de Jean Palou, de la colección Que sais-je? y El abogado de las brujas. Brujería vasca e Inquisición española del protestante danés Gustav Hennigsen. 

Palou reconoce que la quema de brujas fue general, “salvo, aunque pueda parecer extraño, en los países españoles e italianos donde reina la Inquisición”. Es decir, si no era la Inquisición, eran los Tribunales civiles y por tanto no de la Iglesia los responsables, como queda claro viendo cómo la persecución afectaba también a países no católicos como Inglaterra, Suecia y Rusia. Palou se liquida a España con el siguiente párrafo: “España. País donde la brujería corresponde a la Inquisición, hay que señalar pocos procesos exceptuado el de Logroño, donde seis brujos fueron quemados en 1610”. Si tenemos en cuenta que en la rama francesa de este proceso en Burdeos el juez civil De Lancre envió a la hoguera a quinientas personas, entre ellas numerosas jovencitas y niños tenemos un buen punto de comparación. En Lorena el juez N. Rémy (+1612) ejecutó a tres mil personas. Si recordamos que en España la Inquisición, por todos los delitos y a lo largo de trescientos cincuenta años, mandó matar a menos de cuatro mil cuatrocientas personas, por cierto menos que sacerdotes asesinados en la Guerra Civil por los republicanos, aunque de lo sucedido en ella hay para ambos bandos abundantes motivos de vergüenza, entenderemos por qué muchos delincuentes preferían caer en manos de la Inquisición que de los Tribunales civiles.

En el segundo libro, Gustav Hennigsen lo dedica: “A la memoria de D. Alonso de Salazar Frías, inquisidor y humanista español”. Ya en el proceso de 1610, Salazar, inquisidor de Logroño, votó contra las penas de muerte. Encargado de continuar la investigación llegó en 1612 a la conclusión: “No hubo brujos ni embrujados en el lugar hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos”. Sus métodos de investigación fueron muy adelantados a su tiempo, e incluso algunos siguen utilizándose. Salazar se vio favorecido por la actitud escéptica de la Inquisición Suprema de Madrid, que exigía pruebas tangibles. Su conclusión fue: “No he hallado certidumbre ni aún indicios de que colegir algún acto de brujería que real y corporalmente haya pasado”.

Gracias al apoyo de Madrid, en España cesó la persecución de brujas. Resulta curioso saber que el cese de la quema de brujas fue una medida muy impopular, sólo posible gracias al gobierno centralista de Madrid y a la autoridad de la Suprema Inquisición. Aún así todavía se derramó la sangre de ocho personas quemadas por las autoridades civiles de Pancorbo (Burgos) en 1621, hecho que Salazar calificó de “la tragedia de Pancorbo”. Peor todavía fue lo sucedido en Cataluña entre 1616 y 1619, donde las autoridades civiles ahorcaron a trescientos brujos y brujas, antes que la Inquisición lograse imponer su jurisdicción. Pero bajo el ejemplo de España que se adelantó en este punto muchos años al resto del mundo (el proceso de Salem, en Estados Unidos, con 19 ejecuciones fue en 1692), fue poco a poco cesando en el mundo la quema y muerte de brujas.

jueves, 30 de abril de 2015

El trabajo: derecho fundamental y bien para el hombre

En este tiempo de Pascua, y al acercarse la fiesta de San José Obrero, quiero dirigiros unas palabras a todos los cristianos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que deseáis que todos los derechos de las personas sean respetados, valorados y promovidos, tal y como el Señor lo manifiesta a la luz de su Resurrección. Como nos dice el Papa Francisco, «la dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político, sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral» (EG 203). Hemos de seguir poniendo de relieve que el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Por eso es bueno acercarnos a esta realidad tan necesaria para el ser humano y para su familia. Y la solución, que ciertamente es cada vez más compleja, se ha de buscar en la dirección de hacer «la vida humana más humana», como nos decía el Concilio Vaticano II en la Constitución Gaudium et spes, 38, con ese «humanismo verdad» que nos regala y revela Jesucristo.
El hombre es el camino de la Iglesia, el primer camino de la Iglesia. La responsabilidad y la atención al hombre se la ha confiado Cristo. Ese hombre, que es la única criatura que Dios ha querido por sí misma y sobre la cual tiene su proyecto. El hombre real, concreto, histórico. La Iglesia en el cumplimiento de su misión no le puede abandonar. Y es este hombre el que inspira toda su doctrina social. Tengamos la valentía de mirar al hombre inserto en la compleja trama de relaciones sociales de hoy, y descubramos, una vez más, la centralidad del hombre en la sociedad. El amor por el hombre se concreta, también, en la promoción de sus derechos fundamentales, entre los que se encuentra el derecho al trabajo. Acompañemos al hombre en este camino por la tierra tal y como nos manda Jesucristo.
Suscitemos en el corazón de cada hombre la convicción de que construye fraternidad, cuando defiende la dignidad y los derechos humanos, la convivencia entre todos los hombres, la cultura del encuentro, la civilización del amor. Seas hombre o mujer, ¿qué harás?, ¿qué puedes hacer?, ¿cuál es tu elección y tu camino? Elijas lo que elijas, habrás de evitar siempre un error: ser egoísta y sólo egoísta. Tienes que lograr ver lo mismo que Dios. Lo que nos enseña cuando viene y se hace hombre entre nosotros. Vive siempre viendo todo lo que puedes hacer, cómo puedes prodigarte, cómo ensanchar la esfera de toda la tierra y el corazón de todos los hombres, cómo puedes servir más y mejor a todos para hacer de este mundo una realidad de corazones buenos y felices. No salgas a pasear con las manos vacías y temblorosas. Hay muchas necesidades. No pases de largo con indiferencia por el camino y por la historia. Hace falta construir un mundo mejor. ¡Es tiempo de construir! Más aún, de construir constructores, apóstoles que militan y promueven con toda su vida ese derecho fundamental del hombre que es el trabajo y que es un bien para la humanidad.
Empeñemos todas nuestras energías en superar todo aquello que condena y deja en el margen de la vida a los hombres. No pertenece al ser humano la cultura del descarte, sino la del encuentro, que es la que reconoce que todos somos hijos de Dios y hermanos. Hemos de buscar todos juntos que los derechos fundamentales del hombre sean reconocidos, buscados y entregados a todos los hombres. Tenemos que llegar a que la liberación y la novedad que trae Jesucristo, se haga verdad y vida en rostros concretos de hombres y mujeres que están padeciendo la falta de un trabajo digno. Y esto no se logrará nunca por la violencia, que engendra más violencia, sino descubriendo los cristianos para nosotros y para todos los hombres, que entre evangelización y promoción humana, existen lazos muy fuertes, vínculos de orden antropológico, ya que el hombre que evangeliza y quien recibe el anuncio, no son seres abstractos, sino hombres y mujeres concretos que dan de lo que han recibido.
¿Cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover el verdadero y auténtico crecimiento del ser humano, y regalándole lo que Dios mismo le ha dado, el ser imagen y semejanza de Él, y con ello, entre otros derechos, el del trabajo? La Iglesia considera importante y urgente la edificación de estructuras más justas y más respetuosas de los derechos humanos. Pero es consciente de que aún las mejores estructuras, los sistemas más idealizados, se convierten en inhumanos si no se logra en el ser humano una conversión del corazón y de la mente, la estructura del «hombre nuevo», el que «ha nacido de nuevo» y tiene las entrañas que le ha regalado como gracia Jesucristo, y sabe dárselas a todos los que se encuentra en el camino de su vida. Hombres y mujeres nuevos para mantener, verificar con obras y palabras la grandeza de la dignidad de todo ser humano, y la de ser testigos de esa grandeza manifestada y revelada en Jesucristo, pues es Él quien nos revela la gloria del hombre cuando se aproxima a su vida la gloria de Dios.
En numerosas páginas de la Biblia se nos muestra cómo el trabajo pertenece a la condición originaria del hombre. Cuando Dios plasmó al hombre a su imagen y semejanza, lo invitó a la tierra. Después, y a causa del pecado, el trabajo se convirtió en fatiga y sudor. Pero el proyecto de Dios sobre el trabajo mantiene inalterado su valor. El hijo de Dios, haciéndose semejante a nosotros, dedicó años a las actividades manuales. Era conocido entre los suyos como el hijo del carpintero. Y es que el trabajo, tiene una importancia primaria para la realización del hombre y para el desarrollo de la sociedad. Es necesario, por tanto, que se organice y se desarrolle en el total y absoluto respeto a la dignidad humana y al bien común. En numerosas páginas de la Biblia se pone de relieve el auténtico sentido del trabajo. Pertenece a la condición originaria del hombre, está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo. El primado del hombre sobre la obra de sus manos tiene por finalidad el verdadero progreso de la persona y del bien común.
En esta fiesta de San José obrero, Fiesta del trabajo, os invito a todos los cristianos al compromiso de vivir y testimoniar el Evangelio del trabajo. La finalidad última del trabajo es la construcción del reino de Dios. Dios trabaja, continúa trabajando en y sobre la historia de los hombres. En Jesucristo entra como persona en el trabajo fatigoso de la historia. Así, el trabajo de los hombres, tiene que aparecer como una expresión especial de su semejanza con Dios, y como capacidad y participación en la obra de Dios. Se ha de promover por tanto, el trabajo por encima de otros fines económicos. La dignidad de la persona requiere que las opciones económicas no hagan aumentar las desigualdades, y requiere también, asumir el compromiso de seguir buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos. San Juan Pablo II el 1 de mayo del año 2000 con ocasión del jubileo de los trabajadores lanza un llamamiento como él mismo decía, para hacer: «una coalición mundial a favor del trabajo decente». ¿Qué significaba para San Juan Pablo II esta expresión? Que en cualquier lugar de la tierra, el trabajo sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer. Un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores al desarrollo de su comunidad. Un trabajo en el que éstos sean respetados, y no exista ninguna discriminación. Un trabajo que permita satisfacer las necesidades de la familia, y no se vean los hijos en la necesidad de trabajar a edades que no les corresponden. Un trabajo que deje espacios para reencontrarse en sus raíces, en el ámbito personal familiar y espiritual. Un trabajo que asegure una condición digna para toda su vida.
Busquemos entre todos hacer posible que ese derecho fundamental y gran bien para el hombre, exprese y acreciente la dignidad humana. El trabajo es un bien de todos, que debe estar disponible para todos. Es un objetivo obligado en todo ordenamiento económico orientado hacia la justicia y el bien común. La capacidad propulsora de una sociedad orientada hacia el bien común y que proyecta presente y futuro, se mide también a partir de las perspectivas del trabajo que puede ofrecer. Busquemos para todos un trabajo digno. Es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, que es un derecho natural y una vocación del hombre y de la mujer.
Con gran afecto, os bendice
+ Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid

miércoles, 29 de abril de 2015

«Tenemos pocos complejos para dar la batalla cultural»

Tras el éxito del último Congreso de Educadores Católicos organizado por la fundación Educatio Servanda, su Presidente, Juan Carlos Corvera, explica por qué el tema de la mujer genera hoy tanto interés, y cómo es posible que hombres y mujeres seamos, al mismo tiempo, iguales, diferentes y complementarios…
Más de 400 personas asistieron el pasado sábado al Congreso de Educadores Católicos que organiza cada año la Fundación Educatio Servanda. Un Congreso que, este año, ha tenido como eje central «la mujer a contracorriente, baluarte de la educación», y que ha contado con un plantel de ponentes de primer nivel. Juan Carlos Corvera, Presidente de la Fundación, explica por qué, en mitad de algunas campañas ideológicas que intentan caricaturizar a Educatio Servanda como una suerte de involucionistas ultramontanos, se han atrevido a levantar la bandera de la mujer, y a argumentar, con lógica y sin clichés, por qué es tan necesaria la conciliación laboral y el reconocimiento de los derechos de las mujeres, como el respeto social y personal a las características propias de cada sexo, que nos hacen complementarios.
¿Por qué se ha escogido el tema de la mujer para el Congreso de este año?
Decía san Enrique de Ossó, fundador de las Teresianas, que quien educa a un hombre educa una persona, pero quien educa a una mujer, educa a una familia. Somos una institución educativa y este es un Congreso de Educadores Católicos. Creemos efectivamente que «la mujer a contracorriente es realmente el baluarte de la educación».
Tras escuchar a todos los ponentes, ¿por qué la mujer tiene que ir «a contracorriente» en nuestra sociedad para ser un baluarte en la educación?
Los movimientos feministas, que nacen en el caldo de cultivo de la revolución cultural y sexual de 68, han conseguido para las mujeres grandes conquistas sociales. Sería injusto no reconocerlo. Aunque quedan cosas por hacer aún, es sólo ya cuestión de tiempo que lleguen. Hoy la mujer está, gracias a Dios, incorporada a la vida pública. Sin embargo, esos mismos movimientos han traído también nuevas servidumbres para las mujeres a las que pretendía liberar. Una de esas servidumbres para muchas de ellas, fruto precisamente de su incorporación al mundo laboral, es el menor tiempo en casa y, por lo tanto, la menor dedicación a la educación de los hijos, y eso se nota muchísimo en las escuelas y en la sociedad. El deseo y las aspiraciones profesionales de las mujeres no deberían ser incompatibles con la atención preferente de sus hijos. Siempre digo que una mujer que se retira del trabajo para atender a su familia durante unos años es una mujer que puede y que debe volver al mundo laboral, porque lo hará con el mejor master que existe en recursos humanos.


«Yo mismo he contratado a mujeres que estaban embarazadas de un mes y medio o de tres meses. Esta institución cree en los principios que la sostienen»

El tema tratado es, sin duda, un tema polémico, ¿no tienen miedo de que pueda tergiversarse, entendiendo por ejemplo que quieren volver a meter a la mujer en la cocina?
[Risas]. Para los asistentes ha quedado clarísimo que no. Y para los que no hayan podido ir, bastará con escuchar las ponencias que, como he dicho antes, van a ser públicas en breve. En absoluto. Puedo decirle, por ejemplo, que yo mismo he contratado a mujeres que estaban embarazadas de un mes y medio o de tres meses. Esta institución cree en los principios que la sostienen y, por lo tanto, tenemos pocos complejos para dar la batalla cultural, en temas que están siendo asimilados por una gran mayoría de personas dominadas por el pensamiento único de la cultura dominante.
El Congreso es de educadores católicos. Todo lo que hacen desde la Fundación y en sus colegios¿es sólo para católicos?
En absoluto. Iríamos en contra del sentido de la propia palabra católico que significa universal. No. Lo que hacemos y proponemos es lo que somos. Todas nuestras actividades y obras tienen esta clara y abierta inspiración. Los valores y virtudes que emanan del cristianismo son los que constituyen nuestra cultura, y por eso son demandados por muchísimas familias que no son cristianas. En nuestros centros y obras conviven con total naturalidad familias católicas y familias que no lo son, pero que quieren este tipo de educación para sus hijos.
«El sexo del ser humano no es un accidente de la naturaleza, caprichoso y sin importancia. Ninguna persona puede renunciar a su naturaleza sin hacerse daño internamente»

Como Presidente de Educatio Servanda, ¿cuál es su conclusión del Congreso?
Aún no hemos terminado con el proceso de análisis de las encuestas de satisfacción, pero estamos en disposición de decir que, nuevamente, el Congreso ha sido un éxito de asistencia y de contenidos. Creo que el conjunto de ponentes ha sabido trasladar a nuestros asistentes, desde distintos puntos de vista, que el sexo del ser humano no es un accidente de la naturaleza, caprichoso y sin importancia, sino que lo estructura desde lo más profundo de su ser, de manea ontológica, pudiendo hablar incluso de una vocación y una misión de lo femenino y de lo masculino. Ninguna persona puede renunciar a su naturaleza sin hacerse daño internamente.
Resúmame lo dicho en el Congreso en tres claves.
Que la mujer y el hombre son iguales en dignidad y derechos; que la mujer y el hombre son muy diferentes en su configuración antropológica, psicológica, filosófica y teológica; y que ambos encuentran su plenitud en la complementariedad de lo masculino y lo femenino.
¿Se podrá tener acceso a las diferentes ponencias y/o videos del Congreso, para todos aquellos que no hayan podido asistir? ¿Cuándo?
Sí, desde luego. Todas las ponencias de todos nuestros Congresos pueden verse en nuestra web. Las de este Congreso estarán publicadas en breve.

domingo, 26 de abril de 2015

¿Que pasaría en la Iglesia si la mujer hiciera huelga tres dias?

Mujeres españolas hablan de la importancia de ser reconocidas en la Iglesia

La revista Vida Nueva distribuye desde marzo, en España, el suplemento Donne Chiesa Mondo, de L'Osservatore Romano y para presentar la nueva publicación contaron con el testimonio de cuatro mujeres que, desde sus reponsabilidades en la Iglesia hablaron de la necesidad de un verdadero reconocimiento.

Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas, Julia García Monje, secretaria general de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Marisa Salazar, jefa de gabinete de Presidencia de Caritas Española y la columnista de Vida Nueva María de la Válgoma ofrecieron sus testimonio vital sobre cómo es el reconocimiento de la mujer dentro de la Iglesia.

Formación y desarrollo de las mujeres

Soledad Suárez es la presidenta de Manos Unidas, organización nacida de la acción católica femenina en España y donde todos los cargos son “en femenino”.

En muchos de sus proyectos trabajan por el reconocimiento de la mujer en la sociedad y quieren que este reconocimiento también se viva en la Iglesia.

En su intervención admitió que la presencia de la mujer en la sociedad ha aumentado pero la voz femenina en la Iglesia aún es escasa y pidió prestar "especial atención" a la formación y desarrollo de las mujeres. Las “dificultades jurídicas” lo ponen difícil, pero reconoce que el Papa Francisco “quiere dar un nuevo impulso; nos anima a buscar los caminos para que se haga realidad”.

El poder y el servicio

"Si se nos ocurriera hacer huelga durante una semana o incluso tres días, ¿qué pasaría en la Iglesia y en la sociedad?", planteba en su intervención la secretaria general de CONFER, Julia García Monje, que explicaba que si el poder en la Iglesia es servicio, quienes deberían tener el poder son las mujeres.

"La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer”, destacaba la religiosa, que valoró el gran papel del Papa Francisco y su intención de que la mujer ocupe “puestos de responsabilidad".

No se trata de ser protagonistas, explicó la secretaria de la vida religiosa en España, sino de que la mujer tenga la importancia que ser merece, que sea escuchada y que su voz tenga autoridad.

“¿En qué ha quedado la reforma de la curia?”, se preguntó Julia García Monje, que afirmó que no basta la declaración de deseos e intenciones, sino que hay que actuar: “Queremos aportar a la Iglesia lo que a la Iglesia le falta”, dijo.

¿Qué es el poder? ¿Qué es la reponsabilidad?

La jefa de gabinete de Presidencia de Cáritas Española, Marisa Salazar, también explicó su experiencia vital de tantos años trabajando en la Iglesia e incluso recordó cuando la llamaron para participar en el Vaticano en la Comisión Pontificia para América Latina.

Allí se encontró con que era la única mujer entre seglares. El entonces cardenal Joseph Ratzinger pidió hablar con ella y le preguntó qué hacía en la Iglesia y Marisa no dudó en contestar que ella era "nieta de mujer, hija de mujer, madre de una mujer, había vivido con muchísimas mujeres" y estaba "orgullosa de ser mujer".

En su intervención habló de la necesidad de un cambio de paradigma donde se hable realmente de aquellas mujeres en las zonas del mundo más vulnerables que "se dejan la piel" por hacer "Iglesia viva".

Jesús, un gran feminista

La presentación terminó con la intervención de la columnista de Vida Nueva María de la Válgoma, que fue crítica con la actual visión de la Iglesia: "tiene miedo y desconfianza hacia la mujer". Fue la más pesimista ante la labor del Papa Francisco -“...tiene tantos frentes complicados abiertos”- y destacó a Jesús como un gran feminista que siempre defendió el papel de la mujer en un tiempo complicado como era la Jerusalén de aquella época.