miércoles, 9 de diciembre de 2020

A favor de los alumnos y los profesores de la asignatura de Religión

 

Empiezo esta reflexión molesto y dolido por las palabras que escucho del secretario autonómico de Educación, en las que señala que los jóvenes alumnos de Bachillerato que cursan la asignatura de Religión lo hacen con la sola motivación de mejorar su nota media de Bachillerato.

De sus palabras se desprende que los profesores de Religión son poco menos que cooperadores necesarios que se prestan a hinchar las notas de sus alumnos a fin de captar a futuros estudiantes.

¡Ya está bien!

No es admisible que desde la Administración se señale y calumnie a unos y otros, alumnos y profesores, ¿admitiríamos estos comentarios referidos a profesores y alumnos de otras asignaturas? Seguro que no, no lo permitiríamos por injusto y ofensivo, porque se señala con ánimo de ridiculizar, tampoco pues lo permitamos para la asignatura de Religión.

El gobierno estatal y autonómico desearía y busca reducir la religión, también en la educación, al ámbito privado y frente a esto debemos rebelarnos. No nos escondamos.

Hoy, como en 1948 después de la Segunda Guerra Mundial y de sufrir las consecuencias de regímenes totalitarios, tenemos que protegernos del adoctrinamiento por parte de los poderes públicos y tenemos que hacer valer el derecho que los tratados internacionales reconocen a los padres a escoger para sus hijos la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Sí, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) reconoce que "los padres tendrán derecho a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos" porque, no lo olvidemos, los padres son los primeros y principales educadores, algo que parece molestar a nuestro actual gobierno, al estatal y al autonómico.

Los poderes públicos deben garantizar que los padres puedan elegir la enseñanza moral o religiosa que quieran para sus hijos y no marcar el contenido de esa enseñanza como intentan permanentemente en un ejercicio de injerencia indebido.

En esta línea, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 obliga a los Estados a "respetar la libertad de los padres y, en su caso de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones".

En definitiva, que no se engañen y que no nos engañen, cuando se elige la enseñanza de Religión no se pide un privilegio, se exige un derecho que asiste a los padres respecto de la educación de sus hijos.

Defendamos la vigencia de este derecho en plenitud y denunciemos la estrategia de devaluación de la asignatura de Religión que propone el Proyecto de Ley Orgánica de Educación de socialistas, comunistas e independentistas, conocida como Ley Celaá, cuando suprime la obligación de cursar una materia alternativa a Religión para aquellos que no deseen cursar esta y cuando pretende que la calificación de Religión no se tenga en cuenta en la nota media para la obtención de becas o para el acceso a la Universidad.

En definitiva, se devalúa la asignatura de Religión y con ello se vacía de contenido el derecho recogido en nuestra Carta Magna y en los acuerdos internacionales.

¿Admitiríamos este trato vejatorio para cualquier otra asignatura? Seguro que no, porque sabemos que lo que no se evalúa se devalúa y se desfigura. Por cierto, y para que no haya dudas, la asignatura de Religión no evalúa la fe (para eso está la catequesis) sino los conocimientos del alumno, como en cualquier otra materia.

Y este ataque a la asignatura de Religión se comete precisamente cuando más vital resulta frente a populismos y nacionalismos adentrar a nuestros jóvenes en los principios informadores de las tradiciones judeocristiana y grecolatina que inspiran Europa, cuando más necesario resulta ofrecer una alternativa cultural que se oponga al relativismo posmoderno y al posibilismo oportunista.

Es el momento de que la educación, también a través de la enseñanza de la Religión, ayude a formar hombres y mujeres libres, conscientes, críticos y creadores, que conozcan la Verdad, amen el Bien y contemplen la Belleza.

Y acabo esta reflexión agradecido al trabajo profesional y riguroso que desarrollan los profesores de Religión al servicio del derecho y la libertad de enseñanza, en un ámbito, el de la Religión, que hoy más que nunca deviene crucial. No los dejemos solos.

*José Manuel Pagán es rector de la Universidad Católica San Vicente Martír de Valencia..

 

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