lunes, 3 de julio de 2017

INTERNET ES SALUDABLE SI SABES CÓMO

La salud digital se ha metido de lleno -y sin que nos demos cuenta- en nuestras vidas de padres, educadores y de ciudadanos que viven un mundo con menos barreras en el acceso a la información en Internet.
Dejar que tu hija/o haga uso libremente de su smartphone o tablet no es una decisión fácil. Y aquí llegamos a la orilla a la que llegan decenas de preguntas con difíciles respuestas. ¿A qué edad debemos dejarles? ¿Es bueno que usen determinados juegos antes de esa edad? ¿Y eso de las redes sociales? ¿Debo dejar que se abra un perfil de Twitter o que utilice Instagram como le apetezca? ¿Debo espiar a mi hijo/a en su Facebook?
Los beneficios de esta cultura digital los conocemos de sobra -y no son pocos-, sobre todo en el terreno de la Educación: toma de decisiones más rápidas y precisas, inmediatez en el acceso a la información, tecnología educativa imparable, globalidad lingüística…
El ritmo del cambio digital cada vez es mayor y sin embargo, el eterno dilema que acompaña a la tutela del menor sigue acompañándonos: el límite entre el control y el descontrol. Los riesgos están ahí, y, por desgracia lo conocemos de sobra: actitudes de ciberbullying, acceso a redes de explotación sexual pederasta, sobreexposición de la imagen e información vulnerable del menor y de su familia, usurpación de identidad… Y ahora, como ya ha quedado completamente asumido, el aumento desmedido de conductas adictivas entre muchos de nuestros hijos o alumnos a las nuevas tecnologías –los tecnoadictos-, con todos los trastornos psicológicos que ello conlleva.
La realidad es que el desconocimiento sobre el nuevo mundo tecnológico tan efímero, ha sido un verdadero problema para quienes tenían la obligación de cuidar y formar a las nuevas generaciones de niños y adolescentes. Sabíamos que a un niño de 2 años no convenía darle un codillo con guarnición de patatas fritas con huevo frito, y en cambio, no nos resultaba extraño dejar al mismo niño jugar libremente con el móvil o la tableta de papá o mamá. Como siempre, hemos aprendido a partir de la experiencia.
La concienciación sobre la necesidad de tener unas pautas saludables en el ámbito de las nuevas tecnologías e Internet. Conocemos los beneficios y los riesgos. Sabemos cuáles pueden ser los límites que marcan la diferencia entre una vida saludable y no saludable en Internet. Ahora podemos adelantarnos y conseguir que nuestros hijos hagan un uso positivo de Internet.
Y eso es precisamente lo que ha hecho GUILLERMO CÁNOVASdirector del Observatorio para la Promoción del Uso Saludable de la Tecnología -EducaLIKE, en su libro Cariño he conectado a los niñosEn sus 250 páginas, nos presenta una fantástica guía para entender los principales pilares de la salud digital: la cara y la cruz de las TIC. Un libro que afronta las realidades y conflictos de la salud digital, aportando soluciones y consejos muy prácticos que hacen que este libro acabe siendo una guía práctica imprescindible para padres, profesores, médicos y miembros de fuerzas y cuerpos de seguridad.

jueves, 29 de junio de 2017

Cristianismo y cultura

Orgullo y silencio

Sí, soy gay, soy cristiano, participo de una comunidad de jóvenes e intento poder vivir una vida evangélica. Seguramente tú, joven –o no tan joven– que lees esto estarás pensando que no hay nada extraordinario en esto, de hecho durante estos días te estás preguntando que si es necesaria tanta celebración-manifestación cada año en esta fecha. Para mí, que he nacido en una generación donde la homosexualidad está muy aceptada a veces también se me olvidan esos motivos, sin embargo, ahí están… muchos son personales y dicen mucho de mi vida:

- Martin tiene pluma, aún de vez en cuando hay quien le grita por la calle “maricón”.

- Vicente siempre se calla en el trabajo cuando hablan de parejas, teme no ascender en su trabajo si se enteran de que es gay.

- Rosa y Ana son las catequistas más jóvenes de su parroquia, muchos se preguntan qué harían sin su vitalidad, “nada tienen de especial” sin embargo… siguen sin darse la mano.

- Juan quería ser religioso consagrado, pero le dijeron que en su vida había demasiado compromiso visible con la comunidad LGTB.

- Mis motivos: cuando me han dicho que formar una familia es demasiado contracultural, que mejor piense en ser laico comprometido en la Iglesia. Cuando juzgan tu afectividad como si fuera la de un adolescente, equilibrada pero inestable o sin posibilidad de crecer y madurar. Cuando miran solo el sufrimiento que puede conllevar crecer como homosexual… etc. Mientras haya motivos de discriminación en cualquier lugar del planeta, habrá que manifestarse. El colorido, los disfraces y las plumas no son más que parte de un lenguaje de alegría de quien quiere amar sin tapujos, de quien quiere crecer sin límites, de quien quiere vivir una profunda libertad.

Seguirán las manifestaciones de la alegría y el orgullo para que algún día, pueda firmar este artículo sin ningún miedo.

Un cristiano homosexual más

jueves, 22 de junio de 2017

¿Qué dice la Biblia del "Orgullo Lesbiana-Gay"?

Invitado: Raad Salam Naaman

Después de asistir, la Santa misa de Corpus Christi, me acercó un joven, presentando  como cristiano creyente, estudioso de la Biblia y sin ocultar su orientación sexual como homosexual, me dijo: “He leído tus libro y artículos, lo más que me llamo la atención es, la situación lamentable que vive el colectivo lesbiana-gay en el Islam. No hace mucho tiempo, en España, este colectivo era mal visto y mal tratado en algunos casos. La semana que viene se cumplen 40 años de las primeras marchas del orgullo LGTB de España. En España, en 2005 fue el año de la igualdad para lesbiana-gay. España es el tercer país del mundo en reconocer el derecho de las parejas homosexuales a contraer matrimonio. Del 23 de junio al 2 de julio 2017, Madrid acoge la fiesta mundial del Orgullo LGTB, World Pride 2017. Como cristiano, creo que Dios trata a toda persona por igual, no creo que a Dios le importe la orientación sexual de una persona. Dios le preocupa solo cómo llevamos nuestra vida, y la orientación sexualidad de cada uno de nosotros no tiene nada que ver”.
 
Sorprendido de este comentario, que no viene a cuento, mí respuesta fue clara: Es verdad, Dios en realidad no prohíbe la homosexualidad, sino los actos homosexuales.
La homosexualidad es un término demasiado general y vago que se usa para referirse a una plétora de manifestaciones y causas muy diversas. Según la Biblia una familia se forma en base a una pareja compuesta de un hombre y una mujer. Mucho antes de que los gobiernos decidieran promulgar leyes que regularan el matrimonio, nuestro Creador ya las había establecido en (Génesis 2:24) “El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne”. Con respecto a la palabra hebrea traducida como “esposa”, el Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento exhaustivo, W. E. Vine, explica que “señala a cualquier persona del sexo femenino”. Más tarde, Jesús confirmó que los cónyuges tienen que ser “macho y hembra” (Mateo 19:4). Por consiguiente, Dios estipuló que el matrimonio fuese una unión íntima de carácter permanente entre hombre y mujer. Ambos seres están diseñados para complementarse a fin de satisfacer mutuamente sus necesidades y deseos de orden emocional, espiritual y sexual. La conocida historia bíblica de Sodoma y Gomorra revela el criterio divino acerca de la homosexualidad. Dios declaró en (Génesis 13:13) “los hombres de Sodoma eran malos, y eran pecadores en extremo contra Dios”. El punto de vista de la Biblia, sobre la homosexualidad, es muy claro leemos (Levítico 18:22) “No tendrás relaciones con un hombre como se hace con una mujer: esto es una cosa abominable”. No hay disculpas ni concesiones ni ambigüedad: la homosexualidad es infame a la vista de Dios. Para los israelitas de la antigüedad que vivían bajo la ley de Moisés, el castigo por esta práctica era la muerte, (Levítico 20:13) “Y cuando un hombre se acuesta con un varón igual a como uno se acuesta con una mujer, ambos han hecho una cosa detestable. Deben ser muertos sin falta. Su propia sangre está sobre ellos”.


Con la llegada de Jesús, no cambió las cosas, Dios siguió condenando la homosexualidad, según el apóstol Pablo en (1 Corintios 6:9-10) “¡Qué! ¿No saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se extravíen. Ni fornicadores, ni idólatras, ni adúlteros, ni hombres que se tienen para propósitos contranaturales, ni hombres que se acuestan con hombres, ni ladrones, ni personas dominadas por la avidez, ni borrachos, ni injuriadores, ni los que practican extorsión heredarán el reino de Dios”. Dios conoce nuestra composición física, mental, emocional y espiritual, aún se opone a la homosexualidad porque, entre otras cosas, no beneficia al individuo, como lo confirma la carta  del apóstol Pablo que escribió a los cristianos de Roma, (Romanos 1:26-28) “Por eso Dios los entregó a apetitos sexuales vergonzosos, porque sus hembras cambiaron el uso natural de sí mismas a uno que es contrario a la naturaleza; y así mismo hasta los varones dejaron el uso natural de la hembra y se encendieron violentamente en su lascivia unos para con otros, varones con varones, obrando lo que es obsceno y recibiendo en sí mismos la recompensa completa, que se les debía por su error. Y así como no aprobaron el tener a Dios en conocimiento exacto, Dios los entregó a un estado mental desaprobado, para que hicieran las cosas que no son apropiadas”. No solo dice que la homosexualidad es “vergonzosa, obscena y no apropiada”, sino también “contraria a la naturaleza”. Seguramente Pablo quiere decir por “contrario a la naturaleza” es contrario a la naturaleza del género humano con relación a la creación de Dios. Todo comportamiento homosexual es una divergencia del proyecto creativo de Dios. Pablo también dice, cuando una persona se deja llevar por un “codicioso apetito sexual”, puede llegar a esclavizarse (1 Tesalonicenses 4:5) “no en codicioso apetito sexual tal como el que también tienen las naciones que no conocen a Dios”. Esto hace recordar la advertencia de Pablo en (Romanos 6:12) “No dejen que el pecado continúe reinando en su cuerpo mortal de modo que obedezcan los deseos de este”. Podemos estar agradecidos de que Dios no cambie sus normas solo para satisfacer los caprichos pasajeros o los deseos pervertidos de los hombres. Sin importar cuál sea el proceder que el hombre promueva, Dios quiere que le honremos a Él y así derivemos beneficios personales. La prohibición de la Biblia de dar expresión a la homosexualidad se puede ver también no como una condena y discriminación, sino como una mano fuerte de apoyo y de estímulo para la persona que tiene tendencias homosexuales, diciéndole que si realmente quiere, puede lograr superarla y canalizar su sexualidad de una manera productiva, equilibrada y sana. La Biblia no fue entregada a los ángeles, sino a los hombres con todas sus debilidades y deficiencias. Lo que distingue al hombre del animal es que el animal está dominado por su instinto mientras que el hombre lo domina, canaliza y sublima.
 
El hecho que uno nazca con determinada tendencia no lo transforma en una alternativa de vida válida. Lo que sí implica es que tiene un desafío y una misión especial.
No obstante, un sacerdote jesuita se puso de parte de las actuales tendencias contrarias a la Biblia y dijo sobre las relaciones homosexuales: “Son la única solución posible para que un montón de gente lleve una vida feliz y significativa”. En esta misma línea, otro sacerdote declaró que “el amor, en especial el amor, es la prueba esencial de nuestra vida espiritual. La homosexualidad nunca habría sido una cuestión importante para Cristo. Lo importante para Jesús hubiera sido si esas personas vivían su vida, fuera la que fuera, de una manera que manifestara verdadero amor”.
La Biblia, no confunde amor con sentimentalismo. La Biblia predica con energía, “Oh amadores de Dios, odien lo que es malo” (Salmo 97:10). El amor verdadero también incluye disciplina, pues “Dios disciplina a quien ama” (Hebreos 12:6). Por lo tanto, los ministros religiosos están obligados a “exhortar por la enseñanza que es saludable y también censurar a los que contradicen” (Tito 1:9). Los clérigos que suavizan las normas bíblicas y pasan por alto el pecado no hacen ningún favor a los homosexuales. Tal vez “les regalen los oídos”, pero no cumplen con su obligación de “predicar la palabra”. Esta es su responsabilidad tanto para con los homosexuales como para con toda la comunidad cristiana.
 
Si estás entregado a la Iglesia y te das cuenta de que también eres homosexual, “Confía en Dios, no te apoyes en tu propio entendimiento y Dios mismo hará derechas tus sendas” (Proverbios 3:5). Los homosexuales que desean servir a Dios tienen que acatar Sus condiciones, expuestas con claridad en la Biblia, a “amortiguar los miembros de su cuerpo en cuanto a fornicación, inmundicia y apetito sexual” (Colosenses 3:5).
En los países donde hay constantes campañas en pro de los derechos homosexuales, quizás haya quienes objeten a que se aplique el calificativo contra natura a la conducta homosexual. Conforta saber que hay quienes han puesto de parte de “la enseñanza saludable” que se encuentra en la Palabra de Dios, en (1 Timoteo 1:8-11) “Ahora bien, nosotros sabemos que la Ley es excelente con tal que uno la maneje legítimamente con el conocimiento de este hecho: que la ley no se promulga para el justo, sino para desaforados e ingobernables, impíos y pecadores, faltos de bondad amorosa, y profanos, parricidas y matricidas, homicidas, fornicadores, hombres que se acuestan con varones, secuestradores, mentirosos, perjuros y cualquier otra cosa que esté en oposición a la enseñanza saludable según las gloriosas buenas nuevas del Dios feliz, que me fueron encomendadas”. Hay que reconocer que no es fácil, tampoco es imposible.


Un hombre que en el pasado practicó la homosexualidad dijo: “Creía que no iba a poder cambiar nunca, pero lo hice, con la ayuda de Dios. Me produce placer saber que ahora tengo una conciencia limpia y que llevo una vida que le agrada al Dios Todopoderoso”. En efecto, Dios puede darnos la fuerza y la ayuda que precisamos para atenernos a sus preceptos y así recibir su bendición.  
 
En Occidente se conseja a los emigrantes musulmanes integrarse en la sociedad donde viven, formar parte de la misma y no imponer sus costumbres y creencias sino practicarlas en la intimidad.
 
Del mismo modo, hoy día en Occidente, lo más lógico, es que el colectivo lesbiana- gay, esté integrado en la sociedad en general y se sienta parte de la misma, sin que sea necesario hacerse notar, ni siquiera en una semana de orgullo.
 
Finalmente, quiero recordar las palabras de mi padre, que en paz descanse, sobre la homosexualidad, cuando dijo: “cada uno es libre con su culo, pero desde la puerta de su casa para adentro”. No le falta razón a mi padre, cada persona es libre en su orientación sexual, faltaría más, pero no es necesario presumir de ello, ni publicarlo ¡Para qué! Además ¿Dónde está mi orgullo como cristiano católico, heterosexual?  


Cristianos perseguidos: ¡Mira mi Fe!

martes, 20 de junio de 2017

«Muchas de las nuevas teorías pedagógicas tienen efecto placebo; son pura homeopatía pedagógica»

El profesor y autor de «La sociedad gaseosa» advierte que vivimos en una sociedad donde triunfa lo efímero

Entrevista a Alberto Royo

Con su lúcido libro «La sociedad gaseosa», este apasionado profesor de Música viene a advertirnos de lo dañino de lo efímero, lo rápido, lo superficial. De la deriva que todas las esferas de nuestra vida están tomando en ese sentido y, en especial, la referida a la educación de nuestros hijos. En realidad, el libro, según el autor, tendría varios objetivos, y el primero de ellos sería, sin ninguna duda, fomentar la reflexión. Es un libro que invita a pensar. Y también un canto a la belleza del conocimiento.

—Hoy se multiplican los expertos que ofrecen su visión innovadora de la educación, en la que se detecta una permanente búsqueda de la felicidad del alumno. ¿Es tan importante la conexión aprendizaje-felicidad?

—A veces, quienes defendemos la cultura, el conocimiento, el esfuerzo y la exigencia, hemos dejado que determinados gurús y supuestos expertos se apropien de conceptos tan importantes como son la emoción o la belleza, que son inherentes al conocimiento. Y les hemos permitido que vinculen el saber con el sufrimiento, la frialdad o el aburrimiento, cuando no hay nada más apasionante que aprender. La emoción no puede desligarse del conocimiento. Y a través del conocimiento y de la emoción que provoca, puede uno apreciar lo que es bello. Es difícil disfrutar con profundidad de algo hermoso sin tener un cierto conocimiento. Por eso discuto ese empeño por hacer alumnos e hijos «felices». ¿Quién no quiere que sus hijos lo sean? Pero un instituto no es un centro terapéutico, ni de ocio, ni de auto-ayuda. Es el lugar en el que se transmite conocimiento y cultura. ¡Y el conocimiento y la cultura no te hacen desgraciado! No debemos admitir que la escuela se convierta en otra cosa. No podemos ceder ante la vorágine anti-intelectual y fomentadora de la mediocridad imperante. Tenemos que seguir defendiendo aquello en lo que creemos, aunque las convicciones te procuren enemigos.

Lo sorprendente es que estas figuras de la «educación-espectáculo», pocas veces son docentes. Sin embargo, elaboran teorías peregrinas para que otros las apliquemos en clase. Mire: enseñe usted, y de su práctica docente extraiga buenas lecciones. Entonces podrá compartirlas y tendremos en cuenta sus consejos porque siempre es bueno escuchar a colegas y contrastar experiencias.

—En la actualidad, se da también una situación muy paradójica: Parece que la sociedad desconfía de los profesores, pero a la vez delegan por completo en la escuela, esperando que le devuelvan a su hijo educado y con valores.

—Hay una desconfianza generalizada entre todas las partes que intervienen en este proceso tan amplio que se llama educación. Los padres desconfían en los profesores, la sociedad desconfía de los profesores, los profesores desconfían de los padres, los políticos y los profesores desconfiamos los unos de los otros… Pero si no nos ocupamos cada uno de nuestra parcela, si no somos capaces de confiar en que el otro va a hacer bien la suya, al final esto acaba siendo un batiburrillo un poco histérico en el que los que salen perdiendo son los chavales.

Vuelvo a las convicciones: sin esfuerzo no se aprende; esforzarse no es sufrir; hay que conservar lo que es valioso e innovar a partir de lo que conocemos, basándonos en la evidencia y en la experiencia; el fin de la escuela no puede ser la felicidad sino el conocimiento porque unos padres pueden hacer lo posible por proporcionar felicidad a sus hijos (y ni siquiera esto garantiza que lo sean), pero en la escuela deben aprender lo que los padres, por motivos obvios, no pueden enseñarles.

La motivación la impulsa el conocimiento y no al contrario; es imprescindible disponer de ciertos hábitos para progresar; el alumno más capaz necesita esforzarse menos, pero aquel que tenga dificultades pero interés por mejorar ha de recibir todo el apoyo que requiera; es imposible adquirir pensamiento crítico sin antes adquirir conocimientos, pues el pensamiento acrítico no es pensamiento; una persona que no sabe nada no puede ser auténticamente creativa; etc. Si no estamos de acuerdo en aspectos tan esenciales, tenemos un problema.

—Su bibliografía es muy crítica con aquellos que defienden una nueva educación que requiere de saberes y herramientas distintas a las tradicionales.

—Creo que es importante insistir en que los saberes no prescriben. No son productos perecederos, aunque sí hay que estar atento a las nuevas herramientas, claro. Pero precisamente en estas circunstancias «tan mudables» de las que habla todo el mundo es más importante, si cabe, tener convicciones y aferrarnos a los saberes permanentes y a las evidencias en los procesos de aprendizaje, en lugar de querer ser siempre tan «modernos» y dejarnos seducir por los cantos de sirena de la neuropedagogía, en relación con la cual tenemos muchas más expectativas que certezas.

En cuanto a las herramientas, nadie niega que los avances tecnológicos son beneficiosos, pero eso no nos puede llevar a postrarnos ante ellos y pensar que nos van a permitir renunciar al esfuerzo o al trabajo individual. Es estupendo poder acceder a la versión interactiva del Quijote en la página web de la Biblioteca Nacional, a sus grabados, a la música de la época... pero la tecnología es la que nos lo facilita, mientras que el auténtico tesoro lo tenemos en la misma obra cervantina y en la excepcional música del Siglo de Oro. Y aunque todo ello esté «a golpe de click», para aprender sobre Cervantes o sobre los vihuelistas del XVI, se sigue necesitando atención, constancia y memoria. Y unos conocimientos básicos sin los cuales es imposible que alguien pueda aprender por sí mismo solo por tener conexión a internet.

Por eso el papel del profesor es crucial, un profesor que sepa cuanto más mejor (recordemos la máxima de la escolástica medieval: «Primum discere, deinde docere») y que quiera enseñar lo que sabe y transmitirlo con el entusiasmo que desea despertar en sus alumnos, para intentar estimular en ellos el afán por saber cada vez más. Lo que sucede es que aquí hay muchos intereses (también económicos) a la hora de comerciar con productos «milagrosos» que casi siempre recurren a la estrategia de lo fácil y lo cómodo y la técnica de marketing idónea es despreciar lo tradicional sin ningún criterio, envolviéndolo en un halo fantasmagórico para crear la necesidad de adoptar aquello que interesa vender y que, en el fondo, muestra muy poco respeto intelectual por los alumnos.

Estamos en la era de la posverdad, pero también de la poseducación, de la educación entendida como espectáculo. Hay que decir alto y claro que no es posible aprender sin pagar un precio, pero este precio es mucho menor que el de quienes comercian con la educación: me refiero al interés, a la disposición y a la voluntad. Nada de esto es incompatible con poder disfrutar del aprendizaje. Ni excluye, todo lo contrario, que el profesor dispense a sus alumnos un trato cercano y afectuoso, precisamente porque el profesor que considera que sus alumnos merecen ser personas cultas y formadas es el que más aprecio demuestra por ellos.

—Una de estas nuevas corrientes va en contra del aprendizaje de memoria. Muchos adolescentes o padres se preguntan para qué estudiar los ríos de España, si luego lo van a olvidar.

—Hay que empezar por entender una cosa: no hay transformación importante en el cerebro humano que no sea con esfuerzo. Esto no lo digo yo. Lo ha dicho el neurocientífico Mariano Sigman. El propio Sigman habla de esta tendencia a criticar el estudio de los ríos y defiende que es importante «no por el mero hecho de recordarlos para siempre sino para ejercitar la memoria». Nada puede sustituir al esfuerzo individual.

—Hoy también es habitual escuchar muchas teorías sobre la motivación y el disfrute como dos de los factores principales en el aprendizaje.

—Por supuesto que la motivación es importante, pero no es lo único. Y es el conocimiento el que debe impulsar la motivación. En un reciente artículo de Claire Stoneman, profesora en Birmingham, exponía con mucha claridad que no hay necesidad de engañar a nuestros alumnos o desconfiar de que puedan sentirse cautivados por Shakespeare o por la física de Newton, que no podemos claudicar a sus intereses y disfrazar los contenidos. Aplíquese a cualquier conocimiento. Claro que todo profesor intenta plantear su asignatura de forma atractiva, acercarla de alguna forma a los intereses y el contexto de sus alumnos, seleccionar las actividades que puedan engancharles. Pero no podemos frivolizar con esto si consideramos valioso el conocimiento.

Otros autores como Greg Ashman, que ejerce ahora mismo la enseñanza en Australia, han defendido también estas tesis y han señalado que tenemos la obligación de confiar en el poder del conocimiento, en la literatura, la ciencia, la música. Porque en el saber y la cultura se puede encontrar deleite, por supuesto, pero en ocasiones el interés por aprender surge después de que uno se ha sumergido en el estudio. Condicionar todo al disfrute, entendido como un disfrute inmediato y superficial, que es al que se puede aspirar de forma sencilla y cómoda, es un error y una mala lección de vida para nuestros alumnos. Tenemos que convencerles de que aprender algo que no les ha despertado interés de entrada también es bueno, pues van a encontrarse muchas veces en situaciones no deseadas que tendrán que afrontar, se sientan o no motivados.

—¿Y respecto a lo lúdico del aprendizaje, que tanto se pregona hoy en día?

—Aprender cuesta un esfuerzo. Y no hablo de sacrificios inhumanos o de sufrimientos inasumibles. Que cueste un esfuerzo da más valor al aprendizaje, pues la satisfacción de conseguir algo con tu propio esfuerzo es mayor que cuando te lo regalan. Decía Unamuno que el alumno que quiere aprender jugando termina jugando a aprender, y que el maestro que quiere enseñar jugando termina jugando a enseñar. Aquí hay que diferenciar bien, cosa que no suele hacerse: las etapas educativas y las edades del alumno. En Infantil, tiene todo el sentido del mundo el aprendizaje lúdico. También es útil en Primaria aprender mediante el juego. Pero en la Secundaria, etapa en la que se debe profundizar en los contenidos y en la que se ha de procurar que el estudiante vaya madurando, no todo puede ser lúdico, aunque pueda utilizarse el juego como recurso, cosa que todos hacemos (¿qué es improvisar música sino jugar?).

—En «La sociedad gaseosa» recurre usted a la idea del «zangalotinismo» para explicar lo de la madurez.

—En efecto: Me refiero a una escena que proviene de la película de Fernán Gómez, «El viaje a ninguna parte», en la que José Sacristán llama así a Gabino Diego por su infantilismo y su poco convencimiento en la interpretación de un papel teatral. «Dilo con más galanura y no con ese aire de zangolotino», le dice. Hoy, no dejamos madurar a los alumnos que, sobreprotegidos, crecen como auténticos zangolotinos porque en lugar de enseñarles a enfrentar las dificultades, les enseñamos a evitarlas. ¡Si hasta se aconseja evitar decir «no» a los hijos y «prohibir de manera positiva!»

Suelo bromear con esto poniendo el ejemplo de un crío que está a punto de meter los dedos en un enchufe. ¿Cómo lo evitamos? ¿Diciendo «querido hijo, sin ánimo de censurar tu comportamiento, coartar tu libertad, cuestionar tu espontaneidad ni establecer jerarquía alguna en esta plenamente democrática relación paterno-filial, me veo en la obligación de advertirte que introducir los dedos en el enchufe podría ser peligroso para tu salud»? Para cuanto terminas, el niño se te ha electrocutado.

Hay padres piensan que preocuparse por los hijos es hacerlo solo por su bienestar. Es obvio que ningún profesor quiere que su alumno se sienta mal en clase, pero la responsabilidad del profesor es enseñarle. Doy por hecho que a mis hijos les tienen que tratar bien en su colegio, pero lo que quiero es que en la escuela aprendan aquello que yo no les voy a poder enseñar. Decir que a la escuela se va a aprender antes que a ser feliz es, en realidad, una defensa de lo obvio.

—Algunos expertos hablan del papel del profesor como «dinamizador», o como docente que se adapta a las necesidades de sus alumnos del siglo XXI.

—Sí, quieren que el profesor sea una especie de medium. O de echador de cartas, ya no sé… Precisamente lo que un buen profesor ha de hacer es abrir los ojos de sus alumnos a un mundo desconocido. ¿Qué sentido tiene que yo como profesor trabaje en clase la música que ellos ya escuchan? Tendré que enseñarles otras cosas que, para empezar, no conocen o no escucharían motu proprio. Y tendré que ser yo, como profesional, el que escoja los contenidos según mi criterio.

Entiendo la enseñanza de una forma muy distinta al modelo según el cual el alumno debe ser el eje que del sistema, de forma que todo hay que adaptarlo a él. Mi planteamiento es que, con mano izquierda, con recursos y con total implicación, hay que conseguir que poco a poco los alumnos se vayan adaptando ellos a la escuela. Cuando terminen el instituto, la universidad… ¿Se va a adaptar el mundo a ellos? ¿O van a tener que adaptarse ellos a las situaciones que vayan encontrándose? Hablamos ya no solo de transmitir conocimientos, sino de proporcionarles unas herramientas que les vayan a resultar útiles. Planteémosles retos y ayudémosle a superarlos.

—En su libro es híper crítico con las nuevas modas pedagógicas, en concreto, con la tan traída Teoría de las Inteligencias Múltiples, el «brain-gym», la inteligencia emocional, o la importancia de un hemisferio frente a otro…

—En mi opinión, muchas de las nuevas prácticas docentes promovidas por lasnuevas corrientes pedagógicas pueden ser incluso dañinas. Es difícil encontrar una base científica. Son efecto placebo, pura homeopatía pedagógica. Y hay algo que me parece especialmente grave: que algunas de ellas se nos vendan como garantes de la igualdad o defensoras de los alumnos menos competentes, dejando a quienes no comulgamos con ruedas de molino como unos clasistas a los que solo nos preocupan los buenos alumnos. Eso es sencillamente falso. De hecho, está más que demostrado que rebajar el nivel de exigencia sigue desahuciando al alumno menos capaz, al tiempo que incremente el porcentaje de alumnos mediocres y es injusto con los alumnos brillantes.

—El rasero por lo bajo. ¿Cómo debe ser, pues, un buen sistema educativo?

—Un buen sistema educativo debe garantizar que cada alumno, independientemente de su capacidad, pueda desarrollar su potencial al máximo, proporcionando el apoyo que necesite aquel que tenga más dificultades porque es evidente que el alumno más capaz necesitará menos esfuerzo y, por lo tanto, también menos ayuda. Lo que no podemos hacer es admitir teorías mucho más seductoras pero no reales como la de las inteligencias múltiples, solo porque nos resulta más cómodo pensar que todos somos inteligentes en algo. Hay una inteligencia. La mayoría de las personas, niños o adultos, somos corrientes, aunque es cierto que podemos tener más habilidad para unas actividades que para otras. pero no busquemos excusas y seamos escépticos ante los bálsamos de Fierabrás pedagógicos.

—¿Qué opina en particular de las últimas corrientes que abogan por la supresión de exámenes, reválidas… etcétera?

—Lo que veo otra vez es, nuevamente, una absoluta desconfianza. El profesor no evalúa de una forma arbitraria, ni tira los exámenes al aire a ver cuántos caen de un lado y cuántos del otro. Ni tampoco es solo el examen el que decide qué nota va a recibir un alumno. Calificar es un modo de que el profesor, desde su posición de voz autorizada y de profesional de la enseñanza, valore si el alumno ha adquirido los conocimientos que debería haber adquirido. Yo no le encuentro nada traumático. Cada cierto tiempo se debate si hay eliminar las calificaciones numéricas o si los alumnos han de ser o no examinados. Es ridículo. Se ha conocido hace poco que los alumnos de Primaria en Cataluña ya no obtendrán un «suspenso» sino un «no logro». Es de chiste.

Personalmente, me parece más duro decirle a un alumno que ha recibido un «no logro» (o sea, un fracaso) que un «suspenso». Esta obsesión por «almohadillar» la existencia se presenta en el ámbito escolar, pero también en el familiar. De hecho, de este se traslada al otro. Y son dos ámbitos distintos, que, aunque no deben desvincularse, sí han de estar lo suficientemente separados para cumplir cuando uno con su misión.

«Considerar que las tareas escolares "vulneran los derechos del niño" es sencillamente delirante»
A Alberto Royo, la campaña en contra de los deberes no deja de sorprenderle. «Que algunas asociaciones de padres califiquen los deberes como un "método de aprendizaje erróneo" no deja de ser sorprendente (aunque lo cierto es que hoy estas cosas ya no sorprenden). ¿Alguien imagina que los familiares de los pacientes entrasen a valorar el diagnóstico o el tratamiento de los médicos? Considerar que las tareas escolares "vulneran los derechos del niño" es sencillamente delirante. Son los alumnos con más dificultades los que más necesitan los deberes, porque al más capaz probablemente le baste con lo que trabaja en clase, pero no al que tiene menos potencial». 

«Tampoco se han aportado datos sobre los perjuicios de los deberes (sí hay evidencias de que en la Secundaria mejoran, en general, el rendimiento académico), más allá de un informe en el que se preguntaba ¡a los alumnos! si creían que los profesores mandamos demasiados deberes. ¿Qué esperaban que respondieran? ¿Que no? ¿Que debíamos mandar más? Seamos serios. Deberes, sí. Bien diseñados, ajustados a la edad y la etapa, y apropiados para que los alumnos puedan repasar lo que el profesor les ha explicado y encontrar dudas».